En la España de los prodigios, donde los molinos de viento se convirtieron en aerogenerador que solo producen aire caliente legislativo, hemos alcanzado un nuevo hito, el Comité Jurídico Europeo, con esa molesta costumbre de leer las leyes y entenderlas, ha vuelto a dar un varapalo a nuestro gobierno por su famosa ley de amnistía.
Lo curioso es que para llegar a esta conclusión no hacía falta comité, ni europeo ni marciano. Bastaba con un poco de sentido común… ese recurso escaso que, al parecer, no cotiza en el Consejo de Ministros. Porque cualquiera con dos dedos de frente sabe que esta ley no cuela. Es inconstitucional. Es discriminatoria.
Y es, sobre todo, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos de a pie, esos que todavía creen que la igualdad ante la ley no depende de la bandera que agites ni del chantaje parlamentario que practiques.
Pero no temáis, que para eso tenemos un ejército de asesores, abogados del Estado y comités varios cuyo sueldo sale de nuestros bolsillos. Porque hay que reconocer que retorcer la Constitución hasta hacerla un chicle requiere un talento especial. Un talento que se paga caro, pero oye, a ver quién es el guapo que hace un triple salto mortal jurídico con tirabuzón para que unos pocos queden impunes y otros se queden mirando con cara de “¿y yo qué?”.
Mientras tanto, el pacto con los independentistas, ese Frankenstein institucional que mantiene a Sánchez en La Moncloa, empieza a tambalearse. Claro, es lo que pasa cuando basas un gobierno en cesiones imposibles y leyes que no se sostienen ni con cemento armado. Y como guinda, ahora también asoma la posibilidad de que la amnistía se extienda a los expresidentes andaluces por el caso de los ERE. Total, ya puestos a borrar delitos, ¿por qué no hacer un 2×1?
Lo más preocupante no es que estemos gobernados por políticos que se creen señores feudales con derecho de pernada legal. Lo preocupante es que el resto del siglo XXI podría quedar definido por esta tendencia al neofeudalismo: una nueva Edad Media en la que los súbditos solo pueden aplaudir o callar mientras los barones del poder pactan, amnistían y se blindan en sus sillones dorados.
Bienvenidos a la España de las amnistías selectivas, donde la ley es elástica y la igualdad es opcional. Eso sí, preparaos para pagar más impuestos porque alguien tiene que financiar tanta ingeniería jurídica para que los de siempre sigan jugando al Monopoly con nuestras instituciones.
Salva Cerezo