En descomposición, pútrido de corruptelas pero protegido desde el Constitucional y subvencionado millonariamente, el desalmado artificio de la corrupción socialcomunista busca desesperadamente seguir enchufado al chollo universal que ha aprovechado durante cinco años, saqueando las arcas públicas y proyectando un Estado al servicio del sectarismo por la ruina provocada contra España. Rentas universales de 20.000 euros al cumplir los dieciocho años, el voto se compra caro y a la desesperada.
El gobierno Frankenstein agoniza pero eso no es problema para el monstruo sanchista que nació muerto. De un artificio de mentira política, un cadáver surgido de la bajeza, de la falacia del socialismo, desollado y con las tripas por cerebro, montado el cadáver apresuradamente por el despiece de la conciencia sin entrañas, abocastro socialcomunista sin corazón y de espíritu maligno movido por resortes forzados, extraído cada miembro de lo más putrefacto del cementerio marxista para renacer como un esperpento de codicia y maldad, era de esperar un desgobierno criminal en carne viva, ya muerto pero todavía oscilante.
El experimento debe continuar para evitar la putrefacción del amasijo de vísceras ministeriales, esas vísceras fétidas, cerebros viscerales, que exhuman a quienes reposan lejos de sus cobardes demagogias.
Hasta que el próximo rayo genere la oportunidad de la supervivencia, habrá que provocar tormentas en España.
Los sobres explosivos, como las anteriores balas CETME, la nauseabunda censura del esbirro de Celis, las cifras maquilladas del paro con el muerto viviente del fijo discontinuo, el repulsivo desfile sindicalista contra Ayuso y la patronal, alimentado de marisco y furibunda manipulación, augura terrorismo social, victimismo ejecutor y un amasijo de podredumbre en bandeja para forzar un nuevo arranque de vida al Frankenstein sanchista, ahora que la monstruosidad ha cobrado nuevas energías gracias al doctor cum fraude, dispuesto a fregar las vísceras sobrantes del experimento con enjuagues de fraude electoral.
Así disponer de un nuevo laboratorio para revivir cadáveres en serie y justificar el empirismo del engaño, la mediocridad y el mal, en definitiva, de un dios forjado de excrecencia humana, creador psicopático de un engendro aprovechado para mayor gloria de su demente vanidad.