Gonzalo Miró ha dicho que le gustaría hablar euskera y he sentido pena por el muchacho porque, si no ha aprendido otras materias más elementales en sus años de dolce far niente , dudo que sea capaz de afrontar un reto lingüístico tan complicado para alguien que no ha nacido en el País Vasco.
El periodismo está siendo maltratado por los propios profesionales y las empresas que practican el intrusismo de activistas políticos a los que no les importan los hechos sino el relato que crean para hacerlos coincidir con sus intereses. Ha dejado de ser un oficio romántico y comprometido con los hechos contrastados para suplantarlos por la consigna política o la opinión de barra de café
El cáncer de las ideologías ha sustituido a la salud de las ideas que, equivocadas o no, siempre son del individuo y no obedecen a órdenes o presiones de quienes les han contratado para que mientan en nombre de una causa. La libertad de pensamiento es incompatible con las ideologías, ya sean de derecha o de izquierda, por más que dijera lo contrario Agamenón o su porquero, y este axioma lo digieren con dificultad los que necesitan un argumento ideológico para caminar por la vida. La ideología convierte en fanáticos a los débiles que aceptan el paquete completo de las consignas que predican como si fueran el catecismo de un Dios pagano.
En los programas de televisión siempre hay varios charlatanes sin estudios haciendo su trabajo al servicio de un gobierno en apuros.
Hace unos años lo normal era equilibrar el número de opinadores y permitir que alguien sensato y aburrido pusiese un punto de equilibrio en la discusión, pero los medidores de audiencia han descubierto que lo que sube puntos del rating es escuchar cómo grita una loca , un gay iletrado o un facha a punto de rasgarse la camisa antes de saltar a defender el punto de vista por el que cobra.
Lo que sucede cada tarde o cada mañana en un medio de comunicación forma parte de una estrategia que baraja la rentabilidad de la audiencia de una sociedad dividida y enfrentada.
La política institucional y sus terminales mediáticas han convertido a gente sin estudios ni experiencia en personajes públicos que cobran un notable sueldo del Estado. Nada de lo que nos pasa en la vida es casual. Casi todo es producto de una planificación programada por la inteligencia de seres reflexivos que saben cómo neutralizar el sentido crítico de una sociedad amaestrada.
Diego Armario