Dicen que el Rey es el representante neutral de todos los españoles, la voz de Estado que se alza por encima de las pasiones políticas y las batallas partidistas. Pues bien, parece que en la ONU esa voz se quedó sin batería y decidió conectarse al cargador más cercano: el de Pedro Sánchez.
La escena era solemne: Naciones Unidas, delegaciones internacionales, cámaras de todo el mundo… y allí nuestro monarca, con porte regio, dispuesto a marcar la diferencia. Pero al abrir la boca, el discurso resultó tan familiar que muchos españoles jurarían haberlo escuchado la semana pasada, palabra por palabra, en boca del presidente del Gobierno. Casi daba la impresión de que alguien había hecho un copia y pega.
Y claro, la decepción ha sido monumental. Porque de un Rey se espera algo más que repetir la lección del líder de turno. Para eso ya tenemos telediarios y ruedas de prensa. La monarquía, supuestamente, debía ser el contrapeso institucional, no el eco institucionalizado.
La ironía es que, mientras se presume de independencia de la Corona, el discurso parecía redactado en los pasillos de Moncloa. Y lo más pintoresco: ni siquiera hacía falta meterse en jardines diplomáticos, bastaba con un tono conciliador, un llamamiento a la paz, la clásica neutralidad. Pero no, mejor sumarse a la retórica oficial y, de paso, cabrear a más de un socio internacional entre risas de complicidad.
Al final, lo que quedó fue una sensación incómoda: un Rey que, en lugar de reinar con su palabra, se limita a recitar como alumno aplicado lo que dicta el profesor Sánchez. Y claro, cuando la voz que debía representar a todos se convierte en la réplica de uno, no hay discurso real, solo un eco vacío.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 28/09/2025

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