Entre informes de la UCO, comisiones del 2%, mascarillas con sobreprecio y políticos con manos más largas que la sombra que proyectan, parecería que ya lo habíamos visto todo. Pero España nunca defrauda, ahora llega el “aceite fantasma”, el nuevo capítulo de esta serie interminable llamada Corrupción Ibérica Deluxe.
Resulta que miles de toneladas de aceite tunecino entran en nuestro país como quien entra a tomar café, “como Pedro por La Moncloa (su casa) ”, sin filtros, sin trazabilidad, sin controles exhaustivos y sin esas “excelencias” que definen al aceite español. Pero lo mejor está por venir, una vez dentro, se mezcla con nuestro aceite, se etiqueta con banderita rojigualda y… ¡voilà! Se exporta como producto español de primera calidad.
El timo de la estampita, versión gourmet. Y claro, uno se pregunta:
¿Estamos ante un caso de incompetencia, dejadez o la enésima historia de bolsillos que se inflan gracias al esfuerzo de los contribuyentes?
Porque no es casualidad que estas cosas ocurran siempre en silencio, con nocturnidad y alevosía legislativa. Si hubiese transparencia, muchos no podrían seguir viviendo tan cómodamente, o sea, como diputados, trabajando pocas horas y viviendo como Onassis.
Mientras tanto, nuestros agricultores se dejan la piel entre olivos centenarios, las cooperativas luchan por mantener precios dignos y el consumidor paga el aceite como si fuera perfume de alta gama… para que luego nos cuelen mezclas low cost de dudosa procedencia.
Un proverbio chino dice:
“El hombre que comete un error y no lo corrige, comete otro.” En España, por lo visto, hemos decidido coleccionarlos.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 20/11/2025

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