España vuelve a demostrar, una vez más, que si hay algo en lo que somos competitivos, pero de verdad, de élite olímpica, es en corrupción. Y esta semana, gracias al informe de la UCO, hemos descubierto una nueva modalidad: el “rasca-rasca del 2%”, presuntamente patrocinado por Servinabar, la empresa propiedad de Santos Cerdán, adjudicando obras públicas a Acciona para la entrañable trama Koldo. Una estampa tierna, casi familiar, de esas que nos recuerdan que la honradez política es ya una especie en peligro de extinción.
Según dicen en el Gobierno, “bueno, al menos es solo un 2%… peores fueron los del 3% de Pujol”. Hombre, claro. Y si mañana alguien roba un 1%, lo canonizamos, ¿no? ¡San Mangante de los
Presupuestos Públicos! Patrocinador oficial del “menos es más”.
La cosa sería graciosa si no fuera porque la fiesta no acaba ahí. Mientras los de un lado se empeñan en batir récords de comisiones, por el otro tampoco quieren perderse el baile: en Almería, detenidos el presidente de la Diputación, el vicepresidente y un alcalde por el chollo de las mascarillas durante la pandemia. Esta vez, del PP. Que nadie se quede sin su turno, que la tómbola es para todos. Al final va a ser cierto ese refrán: «no me des dinero, ponme donde lo haya»
Uno se pregunta: ¿tanto corrompe la política, o es que atrae directamente a los que ya vienen corruptos de casa?
Porque pagar impuestos para hospitales, escuelas y servicios sociales… perfecto. Pero pagar para alimentar la rapiña organizada, las mordidas “de andar por casa” y las comisiones que se camuflan como molestias administrativas… eso ya no.
Unos angelitos, sí. Pero de esos que te roban el monedero mientras te dan la bendición.
Salva Cerezo