Estamos asistiendo estos días al inicio de un divorcio entre nuestros socios, que no aliados, y la política rastrera de entreguismo del tal Sánchez a los comunistas chinos. Y digo no aliados, ya que, históricamente, esos que forman la UE, en su mayor parte, han sido nuestros enemigos seculares, como fácilmente se puede comprobar ojeando los libros de historia; en consecuencia tampoco son mucho de fiar.

Sin embargo, más allá de valoraciones de tipo histórico, hay que señalar que esos socios, o lo que sean, tienen los mismos intereses que nosotros, incluso una moneda común, motivo por el cual sí un día nos comprometimos con ellos, nuestra obligación no es otra que cumplir lo acordado y lo pactado, especialmente en materia de seguridad y defensa, ya que, en ello, va nuestro futuro.

Desde la llegada de aquel siniestro tipo llamado Zapatero que, además de llevar a España a la ruina, se encargó, por una venganza personal a cuenta de no sé qué abuelo que murió en la guerra, de reabrir las heridas y devolvernos al tiempo de las dos Españas, hemos ido de mal en peor; máxime cuando, tras la llegada de los populares al gobierno, no se corrigió ni un grado del rumbo, camino del infierno, al que nos estaban conduciendo las políticas de los sociatas, tras aquel más que sospechoso atentado del 11-M, todavía pendiente de esclarecer hasta sus últimas consecuencias y que, por cierto, le vino de perlas a Zapatero y su troupe para instalarse en el poder.

Aquel plan zapateril, del que es fiel servidor y lacayo el tipo este chulesco y cobarde, del pantalón de pitillo, tenía y tiene por único objetivo destruir España. El mismo que tenía el Frente popular de 1936, que terminó cómo terminó.

Sí no le bastaba entregarnos a los golpistas y separatistas, que no representan cuantitativamente a nadie, y a los viles y miserables herederos de los asesinos de tantos y tan buenos españoles, ahora nos entrega a los comunistas chinos y a toda esa caterva de narcodictadores del foro de Puebla.

En 1936, el entreguismo a la URSS era palpable y manifiesto, hasta el punto de invitar a las masas a gritar aquello de “viva Rusia, muera España”, una consigna que se repetía, de forma habitual, en aquellas concentraciones de milicianos y milicianas -hay que ser inclusivo- vocingleros y criminales, teniendo como fondo, adornando -más bien ensuciando- la Puerta de Alcalá, las imágenes de Kalinin, Lenin y Molotov, todos ellos una suerte de “hermanitas de la caridad”, que a la postre resultaron ser, junto con Stalin, los mayores asesinos de la historia de la humanidad, en unión de otro “figura”, Hitler, que, por cierto, era nacionalsocialista.

Hoy, Rusia o la URSS, como se prefiera, ha sido sustituida por China, curiosamente la potencia comunista del planeta, y a ella nos estamos entregando en cuerpo y alma para convertir a España en el gran feudo occidental del nuevo comunismo; ya que, que, al igual que los soviéticos de 1936, los chinos saben perfectamente el valor geoestratégico que posee España, situada en el flanco sur de Europa y llave del Mediterráneo.

Es la repetición de la historia con los mismos protagonistas. Una historia que nos conduce, al igual que en aquel lejano 1936, directamente al abismo y del que nos va a costar Dios y ayuda salir, si no logramos deshacernos, cuanto antes, de esa lacra socialista-comunista que está vendiendo nuestros intereses a nuestros enemigos declarados.

España no cuenta para nada ni para nadie en ninguna parte, más allá de en esos foros, como el de Puebla, dónde se reúne todo el lumpen mundial. Sometidos a los caprichos de los enemigos viscerales de España -golpistas y delincuentes catalufos, la corrupta derechona vasca, los hijos de los asesinos etarras, los comunistas de salón y el resto de la mierda que pulula por nuestra Patria-, nos hemos convertido en gente poco de fiar y la última prueba es esa venta miserable de nuestra seguridad a los oscuros intereses chinos, representados por Huawei, contando con el concurso de Zapatero y Blanco, menudas dos firmas, con ocultos intereses en esta operación.

Ya veremos qué sucede el día que, por no recibir información de los países de nuestro entorno, se produzca un atentado terrorista en España. Entonces nos echaremos las manos a la cabeza, aunque ya se encargarán los sociatas embusteros de echarle la culpa a otros.

Sin embargo, todavía hay muchos que miran para otro lado, aduciendo que la situación todavía no ha llegado al límite. Y lo dicen, excusándose en justificaciones del todo peregrinas, cuando en realidad no valoran el hecho de que nos encontramos a las puertas de la destrucción de España o, cuando menos, de un cambio de régimen parecido a aquel al que aspiraba el Frente popular de 1936.

La historia se repite. ¿Tendremos que esperar a ver en la Puerta de Alcalá el retrato del tal Xi Jinping, del gordo ese descerebrado de Corea del Norte o de alguno de los narcopresidentes de Puebla para reaccionar?

Ya hemos tenido un anticipo en Madrid, algún 14 de abril, cuando un montón de canallas desfiló por las calles, enseñoreándose de banderas rojas, grandes pancartas y las fotografías del “trío calavera” -Marx, Lenin y Stalin-, sin que tal acción tuviese reproche alguno. Se trata, como dicen ellos, de libertad de expresión.

¿Qué sucedería sí alguien se manifestase portando banderas de Falange y exhibiendo imágenes de José Antonio, Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo? Y ya no digamos sí alguien saliese a la calle con fotografías de Franco. ¿También lo considerarían libertad de expresión? Estoy por asegurar que serían disueltos de inmediato.

Así es nuestra democracia fallida manejada al antojo de la miserable izquierda y ultraizquierda, contando con el apoyo de la derechona cobarde que suele mirar para otro lado.

Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 24/08/2025

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