LA HORA DE LA VERDAD

El lenguaje taurino va más allá de la jerga o del argot. El planeta de los toros ha creado una auténtica forma de hablar, de expresarse, de meter la cambiante e infinita realidad en la muleta concreta y estructurada de la sintaxis, en la verónica ceñida de la precisión léxica, en el natural de la belleza literaria que extiende la relación entre el significante y el significado a la luz que alumbra el conocimiento y, sobre todo, los sentimientos que implica la poesía.

El lenguaje de la tauromaquia es de una riqueza que sigue sorprendiendo a los que nos acercamos a sus giros y a sus desplantes, a ese entrar por derecho que deja en todo lo alto el estoque de la definición exacta. Por eso vamos a echar mano de ese tesoro para describir lo que está sucediendo en Andalucía. Por fin el personal se ha decidido a perderle la cara al toro de lo estipulado y lo establecido para salirse a los medios del futuro sin miedo.

Esta hora de la verdad obliga a los partidos del centro y la derecha a entenderse más allá de sus prioridades particulares. Hay que volver al espíritu de la Transición que se quieren cargar los totalitarios que no asumen el acuerdo como una forma elevada y refinada de resolver los problemas con la inteligencia y la razón.

Y con la bondad, por qué no decirlo. Una bondad que nada tiene que ver con esa violencia ideológica y verbal, incluso física, que despliegan los que no soportan que han perdido, que no podrán acceder al poder, que se quedarán sin pactar con ese PSOE del que despotricaban hasta el domingo por la tarde.

En esta hora de la verdad hay que hablar claro y escribir con esa prístina claridad. En esta hora que marcará el nuevo tiempo en la historia contemporánea de Andalucía hay que decir, alto y claro, que el PP y Ciudadanos están obligados a entenderse, a formar un gobierno fuerte sin zancadillas ni cortapisas, a abrir los cajones y sacudir las alfombras en cuanto lleguen a San Telmo.

«Antes de votar queremos la verdad», gritaban los demagogos que no se cortaban ante los cuerpos mutilados del atentado terrorista más salvaje de nuestra historia reciente. Pues ahora hay que decir lo mismo, pero con la serenidad que dan la templanza y la falta de rencor.

Después de votar queremos saber la verdad, necesitamos que se enciendan las costosas lámparas de San Telmo que diseñó el arquitecto del Régimen para que sepamos qué se cocía allí dentro. Sin miedo a lo que pueda pasar, tanto en un sentido como en el otro.

En cuanto a VOX, su responsabilidad está en apoyar a ese gobierno nuevo sin pedir la luna ni las estrellas. Si los tres partidos se ponen de acuerdo en lo esencial y se remangan para trabajar por Andalucía, y no para engrasar la maquinaria electoral desde el primer minuto como se ha hecho en los últimos decenios, entonces habrá lugar para la esperanza. Por eso en las plazas de Andalucía, las agujas de los relojes marcan una hora exacta sin trampas ni engaños, luminosa y abierta como el mediodía que es sinónimo del sur: las doce en punto de la verdad.

Francisco Robles ( ABC )

viñeta de Linda Galmor