Hay trucos de magia que requieren humo, espejos y una buena banda sonora. Y luego está el truco político patrio, que se ejecuta a golpe de Real Decreto, sin público en el Congreso y con la esperanza de que nadie mire demasiado mientras el tren, literalmente, descarrila.
Porque regularizar a medio millón de inmigrantes con apenas cinco meses de estancia en España no es una política de Estado, se trata de ingeniería electoral con olor a urgencia. Un “abracadabra” democrático pactado en los despachos con Podemos, para que los votos caigan del cielo como maná… o como billetes lanzados desde un helicóptero que ya pierde aceite, ademas de la compra de su apoyo parlamentario.
Mientras tanto, la crisis ferroviaria asfixia al Gobierno, los trenes no llegan, la paciencia tampoco, y el ciudadano asiste al espectáculo preguntándose si el próximo AVE lo conducirá un community manager. Pero no pasa nada, miren aquí, no miren allí. El viejo truco del trilero, ahora con corbata institucional.
El llamado “efecto llamada” no es un invento conspiranoico, es una consecuencia lógica. Y mientras se abre la puerta de par en par, al español medio se le invita, con una sonrisa culpable, a reducir expectativas vitales, con menos hijos, más “perrhijos”, que comen menos, no piden universidad y no cotizan, pero al menos no protestan. Eso sí, la hucha de las pensiones sigue sonando… hueca.
Quien aún crea que nuestros hijos y nietos cobrarán una pensión pública completa debería revisar si no ha confundido el BOE con un cuento de hadas. Esto ya no es sostenibilidad del sistema se trata de fe ciega con final anunciado.
Y luego está la letra pequeña, esa joya: “no tener antecedentes penales importantes”. Importantes, ¿según quién? ¿Según qué LA INDECENCIA POLÍTICA
Hay trucos de magia que requieren humo, espejos y una buena banda sonora. Y luego está el truco político patrio, que se ejecuta a golpe de Real Decreto, sin público en el Congreso y con la esperanza de que nadie mire demasiado mientras el tren, literalmente, descarrila.
Porque regularizar a medio millón de inmigrantes con apenas cinco meses de estancia en España no es una política de Estado, se trata de ingeniería electoral con olor a urgencia. Un “abracadabra” democrático pactado en los despachos con Podemos, para que los votos caigan del cielo como maná… o como billetes lanzados desde un helicóptero que ya pierde aceite, ademas de su apoyo parlamentario.
Mientras tanto, la crisis ferroviaria asfixia al Gobierno, los trenes no llegan, la paciencia tampoco, y el ciudadano asiste al espectáculo preguntándose si el próximo AVE lo conducirá un community manager. Pero no pasa nada, miren aquí, no miren allí. El viejo truco del trilero, ahora con corbata institucional.
El llamado “efecto llamada” no es un invento conspiranoico, es una consecuencia lógica. Y mientras se abre la puerta de par en par, al español medio se le invita, con una sonrisa culpable, a reducir expectativas vitales, con menos hijos, más “perrhijos”, que comen menos, no piden universidad y no cotizan, pero al menos no protestan. Eso sí, la hucha de las pensiones sigue sonando… hueca.
Quien aún crea que nuestros hijos y nietos cobrarán una pensión pública completa debería revisar si no ha confundido el BOE con un cuento de hadas. Esto ya no es sostenibilidad del sistema se trata de fe ciega con final anunciado.
Y luego está la letra pequeña, esa joya: “no tener antecedentes penales importantes”. Importantes, ¿según quién? ¿Según qué baremo? ¿Con qué medios? La policía, que será la encargada de comprobarlo, ya está en pie de guerra ante el aluvión de trabajo extra. Más tareas, más presión, menos recursos. Vocación infinita, paciencia finita.
Todo encaja en el mismo patrón: para lo que me queda en el convento… Gobernar pensando en el mañana parece pasado de moda; lo moderno es dejar una herencia envenenada al siguiente, total… ya se apañará. La deuda sube, la tensión social también, y la decencia política se queda esperando en el andén, con retraso indefinido.
España no necesita trucos de magia ni cortinas de humo. Necesita respeto al Parlamento, políticas serias y un poco de vergüenza institucional. Pero eso, hoy por hoy, parece pedir demasiado., que será la encargada de comprobarlo, ya está en pie de guerra ante el aluvión de trabajo extra. Más tareas, más presión, menos recursos. Vocación infinita, paciencia finita.
Todo encaja en el mismo patrón: para lo que me queda en el convento… Gobernar pensando en el mañana parece pasado de moda; lo moderno es dejar una herencia envenenada al siguiente, total… ya se apañará. La deuda sube, la tensión social también, y la decencia política se queda esperando en el andén, con retraso indefinido.
Normalizar a los migrantes es lógico, pero España no necesita trucos de magia ni cortinas de humo. Necesita respeto al Parlamento, políticas serias y un poco de vergüenza institucional. Pero eso, hoy por hoy, parece pedir demasiado.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 28/01/2026

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