Justo cuando pensábamos que el «España nos roba» había quedado como reliquia ochentera del independentismo más folclórico, aparece Salvador Illa, sí, el de la pandemia, el de la «ciencia» y la mascarilla tardía, para darle un lavado de cara al lema y sacarlo en versión deluxe: «Madrid nos roba». Lo que viene siendo lo mismo, pero con más traje, menos senyera y el toque vintage de las acusaciones fiscales.
Illa ha decidido que el nuevo enemigo del pueblo catalán no es España en su conjunto, sino su corazón palpitante, su chotis tributario, su bocata de calamares presupuestario, la capital. Madrid, esa comunidad que vive sin deuda y sin complejos, se convierte ahora en la pérfida usurpadora de los sueños fiscales de los catalanes. Todo muy racional, claro.
Y mientras Illa se sube al trampolín del victimismo con traje de tecnócrata, Ayuso, como no podía ser de otra manera, responde lanzando el dato como si fuera una tarta en la cara: “El presidente catalán debe ya 80.000 millones de euros. Madrid no debe ni uno”. Zas. Ahí queda eso.
Una región que gestiona sin deber y otra que debe sin gestionar, pero exige con una constancia digna de un cobrador del frac al revés, gastando millones en abrir chiringuitos catalanes por todo el mundo.
Y en medio de esta verbena fiscal aparece, con txapela discreta, el País Vasco. Esa comunidad que paga las pensiones más altas del país, siempre y cuando el que ponga el dinero sea, efectivamente… España. O mejor dicho: todos los demás. Porque el cupo vasco es como ese amigo que nunca paga en las cenas, pero luego se lleva los restos en tupper.
Así, en este país llamado España, donde todos piden solidaridad pero nadie quiere practicarla, donde las balanzas fiscales son más emocionales que contables, seguimos en el eterno tablero de «yo más, tú menos», en el parchís autonómico donde uno come y cuenta veinte, otro grita que le roban, y el de al lado mira al cielo para ver si llueve dinero europeo.
¿Conclusión? No hay. Solo un espectáculo continuado de agravios inventados, deuda olvidada y victimismos reciclados. Un disparate político con banda sonora de rumba fiscal y letra de nación de naciones. Lo que viene siendo España, pero sin anestesia.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 06/08/2025

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