Trump es el único presidente de los EEUU que si durante su primer mandato no inició ningún conflicto bélico, en el segundo comienza una limpieza de basura socialcomunista, narcoterrorista, que ha puesto precio a la cabeza del tirano Nicolás Maduro, sátrapa destructor de Venezuela con la absoluta complicidad de la carroña satélite, internacionalizada, que se ha enriquecido aprovechando el baño de sangre del socialismo contra el pueblo.
Detrás del bolivariano contra las cuerdas-no debe de extrañar que se exhibiese su cadáver político después de una especial operación interna que suponga la recogida de una siembra maligna de 20 años-está el miserable Zapatero, la caterva podemita que emponzoñó España bajo directrices internacionalmente traidoras y el gobierno en pleno de Pedro Sánchez, principal beneficiado junto al corrupto criminal de los males que aquejan España, diezmada en todos los sentidos junto a las políticas suicidas de la agenda radical.
No debe extrañar tampoco que un día se exhiba también el cadáver político del delincuente aferrado a la poltrona monclovita y junto al suyo el de Irene Montero, Pablo Iglesias y la comparsa que se ha nutrido del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. El conjunto de la basura se ha convertido en objetivo nuclear de EEUU y la cárcel pende como una espada de Damocles sobre el cuello de estos ventajistas, trileros sin conciencia.
El despliegue militar de EEUU frente a Venezuela se lleva a cabo con el fin de facilitar una resistencia interna e inspirar a cuantos pueden poner fin al gobierno del narcodictador. Trump gestiona la paz con la guerra de Ucrania y media en el conflicto de Gaza, en tanto no da tregua al crimen que se ejerce desde el poder corrupto de Venezuela al que tiene inequívocamente identificado junto a las malas compañías de España.
En su discurso inaugural Donald Trump enumeró a toda la troupe del circo demócrata-Obama incluido-para dirigirse especialmente a las políticas arribistas, belicistas y aberrantes de sus contendientes políticos.
Durante la elocución se enfrentó con sus propuestas a la delirante deriva de inhumanidad que durante años ha colapsado el devenir de los EEUU y del mundo en general. Les anunció expresamente una era dorada bajo su presidencia, desmontando el circo de estos años pasados que han degenerado bajo el mandato de un paupérrimo Joe Biden. Una era dorada actuando en defensa de los pueblos oprimidos del mundo.
En un orbe carente de sentido común, plagado de ese anecdotario destructivo que ha resultado ser el progresismo en alianza con la agenda woke, Donald Trump ha encendido las alarmas ante los parásitos que se habían acostumbrado a vivir del cuento y del chiringuito de turno, a la altura moral de la bajeza reivindicada por vagos y maleantes.
Vagos porque son muchos los tentados a mamar de ideologías absurdas con tal de proveerse de manduca ventajista y no dar palo al agua como sucede especialmente en España, con la estrategia de corrupción desplegada por Sánchez para asegurarse un voto cautivo a costa del erario público. Y si no es suficiente, garantizarse otro un fraude electoral sin dejar huellas con el tándem Indra-Telefónica al acecho de las urnas.
Maleantes porque esta absurdez mundial está originada por el imbécil del hijo de George Soros que ha sufragado la estupidez internacional con los dineros del inmundo y diabólico padre. Digno hijo de su satánico mentor, desplegó una estrategia financiada que encontró adeptos entre los aberrantes discípulos de la vaguería y los sembradores de cizaña que se apuntaron al carro de la disensión social para pescar a río revuelto con la imposición de un marxismo renovado, esta vez denominado cultural.
Un tren de iniquidad al que se subió la escoria podemita que se aprovechó del 15-M hoy descarrilado, pero con sus locomotoras abyectas a pleno rendimiento fuera de la catástrofe social que provocaron en España. Trump es consciente de la basura socialcomunista a través del consejo de Santiago Abascal, lo que no descarta una estrategia simplificada para sacar las muchas vergüenzas delictivas que Sánchez esconde y echarlo a patadas legales del poder secuestrado. Legales porque es la acción de la Justicia lo que debe prevalecer ante los actos delictivos que supuran por el aborrecido elemento.
Deshace para volver a hacer con otro orden en los antípodas de la demencia populista de la izquierda radical que ha asaltado el mundo. Donald Trump es preclaro y por ello es considerado un enemigo de la progresía que le tilda de ultraderecha. Aquí rabian por temor a que se les acabe el chollo porque su influencia puede acelerar el proceso de putrefacción del socialismo mundial.
Su declaración de intenciones en el primer discurso como presidente de EEUU, por segunda vez pese a los intentos de aniquilarlo, no dio lugar a equívocos, tibiezas o remilgos para aplacar la cólera de la bestia ultraizquierdista que lo considera una amenaza mundial.
Sus palabras plenas de contenido inteligente y audacia en la promesa se resumían en un titular inquietante para tanto espécimen abonado, como un estercolero, en el latifundio de la estupidez que ha regado un semillero de estulticia contagiada a través de los más dispares intereses, siendo el primero monetario.
Ese titular de su celebrada y esperada oratoria, fácil de entender para quien tenga oídos para escuchar, era «La revolución del sentido común». Un sentido común que no puede ser de otro modo sino revolucionario, para volcarse frente a los enemigos de la humanidad que durante años han campado a sus anchas inspirando un mal generalizado de confusión y carencia moral.
Es de sentido común que obrando el bien, el mal tema sus consecuencias. Como el cadáver-aún no sabe que está muerto- de Nicolás Maduro cuya derrota arrastrará a otros muertos vivientes de los que se tienen pruebas como para que la Justicia universal los juzgue.
Y en España está el grueso de la delincuencia mantenida desde Venezuela. Trump puede localizar la pestilencia que hiede en el socialcomunismo implantado en España, de paso erradica el bolivarismo en Venezuela.
Adelante Trump, adelante España. Un delictivo Sánchez se aferra al poder institucionalizando la corrupción. No puede quedar España como un escaparate del crimen permitido . Detrás de Maduro puede caer Zapatero, el orquestador que ha dirigido a Sánchez camino del cadalso… perdón, del banquillo.
Ignacio Fernández Candela (ÑTV España)