En su película “La escopeta nacional” el cineasta español Luis García Berlanga realizó una crítica satírica y mordaz de la ata sociedad en el tardofranquismo, retratando su hipocresía al buscar posicionarse en una situación de privilegio mediante el acercamiento y la adulación a aquellos políticos que presuponían que habrían de liderar el desarrollo de la democracia en España tras el fallecimiento del General Franco.
Desgraciadamente, si Berlanga quisiera retratar a la sociedad española actual no lo podría hacer recurriendo a la sátira ingeniosa, sino que debería limitarse a filmar una obra eminentemente realista, debido a que, bajo el régimen sanchista, la izquierda política y mediática ha alcanzado un grado de degradación moral prácticamente absoluto, de tal forma que sus andanzas, siempre deplorables, han tenido como efecto el que la democracia española se haya convertido en una insuperable parodia.
Así, echando la vista atrás tan solo unos día hemos podido comprobar cómo, gracias al voto favorable de los seis magistrados izquierdistas, el Tribunal Constitucional (TC) consumaba la ignominia de avalar la Ley de Amnistía pactada entre el PSOE Y Junts. De esta forma, el Alto Tribunal no solo ha erosionado el orden constitucional, sino que también ha socavado el Estado de Derecho, al conceder carta de naturaleza al intercambio de “impunidad por votos” y a la eliminación del “principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley”.
A su vez, el fallo del Tribunal De Garantías ha supuesto poner de rodillas a la sociedad española ante los delincuentes catalanes, ya que su concreción práctica supone el borrado de la celebración del referéndum de autodeterminación, la declaración unilateral de independencia y el desarrollo de violentos disturbios en Cataluña, lo cual de facto es tanto como obligar a los españoles a comulgar con ruedas de molino y aceptar que los golpistas catalanes no delinquieron de manera flagrante.
En consecuencia, la validación de la Ley de Amnistía ha supuesto la concesión de patente de corso al secesionismo catalán, la consumación del falseamiento deliberado de la realidad y la consagración de la dictatorial máxima orwelliana según la cual “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza”.
Como dicen que los males no vienen solos, poco tiempo después los españoles pudimos comprobar con relativo asombro como el juez Juan Carlos Peinado pedía al Tribunal Supremo que imputara al ministro de Justicia, Félix Bolaños, por malversación de fondos públicos (debido a la contratación por parte de Presidencia del Gobierno de Cristina Álvarez para que asesorara a Begoña Gómez en la captación de fondos procedentes de empresas privadas para el patrocinio de la cátedra de la Universidad Complutense que la esposa del presidente del Gobierno obtuvo de manera tan ilegítima como ilícita) y falso testimonio (por mentir en el curso del interrogatorio al que el juez sometió a este ministro que lo mismo ejerce con sonrisa estúpida de mamporrero de Pedro Sánchez que de estafermo de Cayetana Álvarez de Toledo).
Obviamente, la reacción del PSOE no se hizo esperar, de tal forma que, siguiendo su habitual y perversa práctica de atacar a los jueces cuando sus decisiones son contrarias a sus bastardos intereses, diferentes líderes socialistas arremetieron duramente contra el juez Peinado, tildándole de malicioso cómplice de la conspiración ultraderechista, cuando lo cierto es que dicho juez ha demostrado sobradamente que tan solo actúa impulsado por la obligación moral que tiene, dado su cargo, de impartir justicia a partir de los hechos desvelados por la policía judicial en el curso de sus investigaciones.
Pero no acabaron aquí las cuitas del socialismo español, ya que fueron tan solo unas pocas horas las que tuvieron que esperar para que otro escándalo les salpicara de lleno. Así, Miguel Ángel Gallardo, líder del PSOE extremeño y principal responsable de la contratación irregular de David Sánchez como director de la Oficina de Artes Escénicas de la Diputación de Badajoz, ha visto como su intento de aforamiento para eludir la competencia del juzgado de instrucción y la Audiencia Provincial ha sido rechazado por el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura por considerarlo fraude de ley, rechazando de esta forma asumir la causa contra D. Sánchez y M. Á Gallardo.
A su vez, dicho tribunal ha censurado el apresurado proceder seguido por el PSOE extremeño para favorecer el aforamiento del líder de los socialistas extremeños, señalando que, tras la forzada renuncia al cargo de un diputado socialista, los cuatro socialistas que precedían a M. Á. Gallardo en las listas electorales también renunciaron inmediatamente, permitiendo así que el valedor del hermanísimo fuera nombrado de forma exprés diputado extremeño.
Obviamente, es necesario estar muy ciego para no ver las maniobras socialistas encaminadas a proteger a aquel que, buscando medrar en el partido socialista, no tuvo reparo alguno en adulterar las pruebas de acceso que permitieron a D. Sánchez conseguir un puesto de trabajo para el que estaba tan poco capacitado que ni tan siquiera le exigieron desarrollarlo, demostrándose así, una vez más, que la falta de escrúpulos del socialismo patrio carece de límites.
Pero la gran bomba estaba aún por estallar y tan solo hace unos días efectivamente estalló cuando el magistrado del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, decretó prisión incondicional sin fianza para el exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, atribuyéndole los delitos de cohecho, tráfico de influencia y pertenencia a organización criminal.
Según el auto del juez, S. Cerdán lideró una trama criminal, en la que también participaron José Luis Ábalos y Koldo Aguirre, que tenía como finalidad el cobro de comisiones ilegales por la adjudicación de obras públicas a empresas privadas mediante la adulteración del proceso de licitación.
El juez precisa que era el propio S. Cerdán el encargado del cobro de las mordidas, así como del posterior reparto a sus colaboradores. A su vez, el juez estima que el botín obtenido por “la banda del Peugeot” es superior a cinco millones de euros, lo cual refuerza la idea de que más líderes socialistas pudieran formar parte de la red de corrupción.
De hecho, la trama criminal comenzó a operar en 2015 en Navarra y en años posteriores se fue extendiendo por todo el territorio español, por lo que dada su magnitud y ramificaciones a día de hoy no es para nada descartable que una parte del dinero recibido sirviera para la financiación ilegal del PSOE.
Obviamente esta serie de acontecimientos removió los cimientos del partido socialista, desalentó a buena parte de la militancia sanchista y conmocionó a la opinión pública, hasta el punto de que los sondeos electorales realizados tras el luctuoso suceso contemplan un importante descenso en intención de voto del PSOE y una amplia mayoría absoluta de la derecha en las próximas elecciones generales.
Evidentemente cualquier líder político mínimamente honesto, ante la inmensa dimensión de la ola de corrupción que asola a su partido y a su Gobierno, dimitiría y convocaría elecciones inmediatamente, para que el pueblo tomara la palabra y dictara sentencia.
Sin embargo, la honestidad no se encuentra entre las virtudes del psicópata monclovita, sino que más bien es la indecencia la que determina sus pasos, por lo cual no resulta sorprendente el que P. Sánchez haya decidido aferrarse al sillón presidencial.
Sin embargo, en esta ocasión su negativa a abandonar La Moncloa no se debe exclusivamente a su indisimulable obsesión de poder, sino que a ello se añade el miedo que el autócrata monclovita tiene al ingreso en prisión, ya que resulta prácticamente imposible no suponer que P. Sánchez estaba al tanto de las turbias actividades de su esposa, su hermano, su fiscal general, sus dos secretarios de Organización y diferentes líderes políticos de su propio partido.
En definitiva, obviando la marea de corrupción en que está inmerso su entorno familiar y político y eludiendo el clamor popular, P. Sánchez ha decidido secuestrar la democracia y entregar las llaves del zulo donde ha confinado la voz del pueblo español a comunistas e independentistas, con la vana esperanza de que amaine la tormenta que amenaza con llevárselo por delante y acabar con el régimen sanchista. Disfrutemos pues de su agonía y preparémonos a celebrar su descenso a los infiernos.
Rafael García Alonso (ÑTV Espña)