Pedro Sánchez está enfermo. Cada día se siente más débil física y mentalmente. Se le nota en su rostro enflaquecido y demacrado, en su mirada perdida, en su rechazo a salir a la calle por miedo a que le abucheen, y en su aislamiento en La Mareta donde le acompañan más guardias civiles que amigos durante estas vacaciones.
La imagen de España en llamas con pueblos aislados y asolados, ciudadanos civiles o bomberos fallecidos durante la extinción de incendios, y las familias que se han quedado sin sus casas, han obligado a Pedro Sánchez a interrumpir su retiro para dar la cara ante la sociedad en su peor momento, porque su imagen se asemejaba más a la de un hombre desnortado que a la de un líder ante una hecatombe nacional.
Después de semanas de fuego incontrolado por todos los rincones de España, sin declarar el Estado de Emergencia, ha viajado con cara de tristeza a una de las zonas calcinadas, y ha sido incapaz de aguantar hasta el final de la rueda de prensa al ver cómo se desmallaba un periodista , a causa de las altas temperaturas del lugar.
El Presidente Sánchez tiene síntomas de no encontrarse bien desde un punto de vista físico y emocional. Su pasión por el poder se ha ido transformando en desconfianza y en fobia contra lo que le rodean. No se fía de los mediocres y ha perdido el respeto de los líderes europeos que últimamente no le convocan a reuniones internacionales consultivas.
Huye en cuanto puede y ha perdido la confianza que tenía en algunos de los cargos públicos que le rodean, pero no le aportan nada. La historia oficial que escriben y cuentan sus mamporreros mediáticos carece de credibilidad .
No sé si tiene un amigo psiquiatra que no sea del Psoe… pero le vendría bien.