39 muertos. Es el balance en la mañana de este lunes, pero es muy probable que el macabro contador siga subiendo. El Iryo que descarrilló a la altura de Adamuz (Córdoba) a eso de las 19:30 cayó por un terraplén de 4 metros de altura tras dar una vuelta de campana.
La tragedia ferroviaria hace aflorar la realidad: la solidaridad del pueblo de Adamuz que convierte sus vehículos particulares en ambulancias improvisadas. Pero también la inexistencia de la protección de un estado elefantiásico: Renfe no apareció ni ayudó en la tragedia.
La victoria tiene muchos padres y la tragedia evita la paternidad. Pero es la clave. ¿Qué falló para que un tren de alta velocidad descarrilara en una recta?, ¿cómo es posible en un tren que había sido revisado hacía 4 días?, ¿hay responsabilidad en quienes se encargan de la revisión?
Miremos hacia la vía. Resulta que los maquinistas llevaban advirtiendo desde agosto del mal estado de la vía y pidiendo circular a menor velocidad. La misma Adif había informado de incidencias en el lugar donde se produjo el accidente. Hace un mes se produjo un problema en un desvío en el mismo lugar del accidente de este domingo. ¿Respuesta del gobierno ante las advertencias? “Derecha paleta”
Todo apunta a que el mal estado de la vía fue el responsable de la tragedia. ¿Y quién es responsable de mantener la vía? Adif. ¿Y de quién depende? Del ministerio de Transportes.
Por eso el ministro Oscar Puente se encierra en un presunto gabinete de crisis y afirma que el accidente es “raro” por producirse en una recta y con las vías recientemente revisadas. Revisadas, sí, pero corregidas, no. Puente aplica la máxima de “miente, que algo queda”.
Por lo demás, la tragedia evidencia el fracaso del sanchismo: la mayor subida de impuestos, el mayior crecimiento de la deuda y el mayor deterioro de los servicios públicos. ¿Un Estado fallido? Tal parece. Volcán, dana, AVE…
Sánchez disimula y despeja su agenda -reunión con Feijóo incluída- para centrarse en la tragedia. No en su gestión, sino en la venta de la responsabilidad en ‘alguien’. La tentación es endosar el ‘marrón’ a los italianos de Iryo. El riesgo es que los italianos cuenten detalles de la situación de las vías por las que pagan por circular.
No es fácil el papelón de Sánchez. Y doble contra sencillo a que le caerán querellas de responsabilidad penal. La mala imagen no la salva ni la guerra arancelaria de Trump.
Luis Losada Pescador (Actuall.com)