Es tentador pensar que nuestro gobierno es una mafia con tanques y BOE. Al fin y al cabo, nuestros gobernantes se comportan como gente del hampa, han corrompido todas las instituciones y parecen tener como primeros objetivos el enriquecimiento personal y la perpetuación en el poder.

Pero hay que evitar esa tentación, aunque sólo sea por lo que tiene de injurioso para la mafia, una sociedad criminal que gana mucho en la comparación. Una mafia al uso es infinitamente más soportable que un gobierno mafioso por lo mismo que un Estado terrorista es mil veces más peligroso que una banda terrorista.

Hace muchos años —tanto que no recuerdo ni el título ni el autor— leí una novelita de ciencia-ficción en la que una sociedad corrupta e inoperante colapsa hasta el punto de que, para evitar la anarquía total, el crimen organizado tiene que hacerse cargo del gobierno. Parece una profecía, pero no, lo nuestro es peor.

Pese a toda su perversidad, la mafia tiene sus ventajas comparativas sobre el Gobierno de Sánchez. Permítanme contarles algunas.

La mafia no nos miente ni nos somete a una propaganda machacona y constante. Sí, puede dejar claro que hay que hacerles caso o habrá consecuencias dolorosas, pero eso es común a todos los gobiernos. Por lo demás, nos deja en paz. Ni siquiera pretenden ser los buenos, ni quieren que les quieras. Entienden que obedezcas por miedo y que les aborrezcas en el fondo de tu corazón. No hacen paripés, ni necesitan halagar a quienes extorsionan. Es un alivio.

La mafia es eficaz en lo suyo. Recuerdo un testimonio del último de los macrojuicios contra la mafia en Italia. Era el de un tendero que llevaba años pagando el pizzo, el impuesto de protección, al capo local. El hombre desconcertaba a los magistrado, porque no mostraba la menor animadversión hacia el acusado. Interrogado por su actitud, respondió: antes pagaba solo al Estado mediante mis impuestos para que me protegiera la policía. Asaltaron varias veces mi tienda, nunca detuvieron a los ladrones. Desde que empecé a pagar el pizzo no he tenido ni el menor hurto.

La mafia es más barata. De lo que gana un trabajador soltero sin hijos que gane el salario medio en España, Hacienda se lleva un 40,6%. El pizzo es insignificante, en comparación. Y la protección, como digo, es mucho más real.

La mafia reduce al mínimo la burocracia.

En la mafia suele haber una verdadera división de poderes. Si los Tattaglia ponen el impuesto de protección demasiado alto, siempre es posible negociar con los Corleone.

El poder de la mafia es intrínsecamente limitado. No sólo es inestable en su propia naturaleza, ya que no pretende otra legitimidad que la de la fuerza, y no hay «don» que pueda mantenerse si no demuestra su capacidad.

Y, lo mejor: la mafia no es ideológica. Le importa un pimiento cómo elijas vivir en todo lo que no tenga que ver con sus negocios, no impone cuotas de género y tiene un interés evidente en la prosperidad, el orden y la continuidad de la comunidad que «protegen».

No me entiendan mal: la mafia es una peste. Pero, puestos en lo peor y si me dan a elegir, prefiero a Don Vito a Pedro Sánchez.

Carlos Esteban (La Gaceta)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 02/10/2025

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