En tanto no amanezcamos con la noticia de una operación excepcional de detenciones masivas del desgobierno criminal, despertaremos con decretazos del circo sanchista que anuncia hoy la creación de una comisión interministerial contra-agárrense los machos-la corrupción.

Dicho esperpento, muestra del cinismo más repugnante por parte de una manada de delincuentes que ha destrozado España en siete años, está constituida por la cómplice y encubridora Yolanda Díaz; el sospechoso Félix Bolaños; el mafioso del Interior Marlasca y el radical podemita Urtasun-ahora Sumar-puesto a dedo por Maduro a través de los oscuros entresijos del Delcygate, cuando se introdujo el comunismo que nadie había votado en un gobierno Frankenstein.

Nicolás Maduro vive en el mundo paralelo de una soberbia suicida, como Sánchez. No son conscientes de las siembras del mal que tarde o temprano cosecharán vivos y muertos. Ahora vivos, con todas las pruebas abrumadoras que emergen como inmundicia acumulada sin freno, todo parece indicar que deberán ser detenidos a punta de metralleta a tenor de la criminalidad desplegada junto a tantos cómplices del delito ilimitado justificado tras la política.

Si cae Maduro, detrás va el miserable Zapatero y quien, según afirma Alvise Pérez, ¿comandó una operación de entrada de cocaína en el aeropuerto de Barajas durante la escala misteriosa del denominado Delcygate?

Es un pecado nacional no terminar de asombrarnos con las acciones criminales de un desgobierno de delincuentes que sigue en el poder para encubrir miríadas de delitos, destrozando la vida de millones de ciudadanos; cobayas de una agenda de sádicos, ante delincuentes comunes tras intereses espurios como bastardos de la democracia. A tenor de la apariencia física de Sánchez, parece que debería desengancharse de algunos hábitos, encaramado como un mono a algún vicio como al poder.

Sabemos que son criminales, la peor carroña delictiva camuflada tras siglas políticas. Lo sabe la Justicia. Lo sabe el mundo entero. En cualquier país digno, sólo faltaría una actuación policial armada para sacarlos esposados del consejo de ministros. Pedro Sánchez el primero. Marlaska, el encubridor de la mafia monclovita, el segundo por los mismo hombres que le rinden pleitesía bajo órdenes injustas, alegales y netamente criminales.

Un orgullo liviano deben cargar quienes portan con deshonor el uniforme, desde el escalafón de la oficialidad policial hasta el más alto rango militar, desposeídos de la dignidad histórica de la que no son dignos relevos cuadrándose ante esta pandilla basura del crimen organizado.

Engañados o complacidos con el juego sucio, son los que han permitido con la cobardía y la ínfima responsabilidad de la conciencia que una canalla sin moral ni respeto por la vida ajena obre sus destrozos seguros de la pasividad de los garantes de la libertad. Incluido aquel que porta una corona que de poco sirve para reivindicar la memoria histórica, la verdadera, de España.

No existen indicio de delitos sino una abrumadora prueba de delitos y modus operandi criminal que debería hacer caer la cara de vergüenza a quienes equivocando el verdadero sentido del deber, se cuadran orgullosos ante quien podría ser juzgado por delitos de lesa humanidad.

Bastaría remontarnos al infierno del 2020 para que cobre visos de realidad la comprensión de un genocidio, repetido en su impronta sádica con la provocación del desastre de la Dana, impidiendo el auxilio de los ejecutados, ahora vislumbrada durante los incendios provocados por pirómanos a sueldo para que el sátrapa justifique las acciones contra el cambio climático; así seguir alimentando el voraz negocio de la destrucción de la Naturaleza.

Tan descarado, tan insidioso, tan repetido sin consecuencias radicales merecidas y deseadas. A estas alturas , el demonio Sánchez sólo engaña a los más malignos ignorantes y a los peor malparidos sectarios, parásitos de múltiples chiringuitos con la aquiescencia holística de Satanás sobre la tierra. En España y en el mundo se libra un pulso del Bien contra el mal, donde las huestes de la malicia cobran identidad y son reconocidos por sus obras. ¿Hasta cuándo?

Maduro está ante el final de sus días de impunidad y opulencia. Zapatero podría ser encarcelado mediante una orden internacional. Y Sánchez… Sánchez podría resultar muerto por enfermedad, emponzoñado de sí mismo. O podría matarse con el Falcon, con fatiga mecánica de tanto usarlo como el Súper Puma.

El destino de los tiranos es el último suspiro, la visita con la Parca, la recogida de las infectas siembras. El terror merecido, vivos y muertos.

Ignacio Frnández Candela (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 28/08/2025

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