Damos por hecho que han sido unas elecciones con garantías pero basta observar la dinámica del escrutinio para comprobar en los inicios del recuento que el PSOE aventajaba al PP en demasía hasta que se compensó pasado el tiempo. Primero van los votos presenciales en las urnas a las que después se introducen las papeletas del voto por correo. Luego, los primeros sobres son los últimos introducidos.

Ese desfase inicial cuando se contaban los votos por correo en las urnas indica que 8 de cada 10 estaban dirigidos a la izquierda. Si añadimos la fecha de convocatoria con obligado embudo hacia la trampa de Correos; que no ha existido recuento manual y se pasó todo a INDRA; la nacionalización inmediata, en 6 meses, sin requisitos a extranjeros; el efecto llamada a descendientes de víctimas del franquismo, entre otros; la carencia de una cadena de custodia en Correos y demás añadidos de irregularidades, constatariamos que pretende gobernar el perdedor junto a todo el detritus, la oclocracia, después de haber robado las elecciones del 23 J.

No hay lectura pertinente o regular que no sea la fundada sospecha de que el fullero ha cumplido la amenaza de superar al adversario político con el mismo juego sucio de estos cinco años atrás. Demasiados muertos se esconden debajo de las alfombras de La Moncloa como para  no intervenir la propia democracia.

Ya se han destruido todos los votos y los datos no coinciden desde la propia web del Ministerio del Interior, tal y como se está denunciando con exhaustivas investigaciones en las redes y hay manifestaciones de apoderados que confirman que INDRA estaba dando datos de recuento cuando todavía no había finalizado el trabajo de los responsables en los colegios electorales.
Dar por normalizadas unas elecciones que apestan a marrullería de Sánchez es aceptar y constatar que se han dinamitado las bases elementales de la democracia en España.
Por otro lado, Núñez Feijóo en su victoriosa derrota no es el líder que la derecha necesita en España y no sería de extrañar que las bases apuesten por Isabel Díaz Ayuso, la líder incontestable que podría relevar a Feijóo si surge esa rebelión interna para sustituir esta otra anomalía en el Partido Popular.
Su falta de liderazgo y la carencia de una visión de Estado que habría agilizado una alianza con VOX necesaria para superar el peligro de otra suma Frankenstein, ha culminado en un estrepitoso fracaso. A pesar de que queda la posibilidad de negociar con el PNV y algún otro partido, previo compromiso de VOX a regalar su apoyo a cambio de nada, es previsible que sus errores le pasen factura.
De haber sido el hombre de Estado que España necesitaba, hoy el fullero Sánchez no estaría pergeñando otro desgobierno Frankenstein colando unas inexistentes generales que lo han sido todo menos limpias.
Ignacio Fernández Candela (ÑTV España)