Hoy, mientras tomaba mi café matutino frente al mar, leí un artículo de Rafael Santandreu, gurú de la autoayuda y coach de la felicidad, ha soltado una de esas frases que se viralizan más rápido que un meme de gatitos: “La mejor etapa de la vida no tiene que ver con la edad, sino con un cambio de mentalidad”. Y claro, miles de seguidores le han dado al like como si fuera el nuevo oráculo de Delfos.
Según Santandreu, la verdadera felicidad no está en la niñez, donde uno se peleaba por un helado, ni en la juventud, donde la resaca era solo un rumor. No, no, la felicidad, la auténtica, aparece cuando dejamos de quejarnos y aprendemos a apreciar lo “increíble, mágico y espiritual” que hay a nuestro alrededor. Vamos, que la clave está en mirar el atasco de la M-30 y pensar: “¡Qué bendición estar aquí, rodeado de almas en busca de su destino!”.
Suena bien, ¿verdad? Un poco demasiado bien… porque a la teoría le falta un pequeño detalle práctico, el alquiler de 900€ por un zulo de 25 metros cuadrados, la hipoteca que te persigue como un thriller de Netflix, o ese jefe tóxico que cree que eres un robot programado para sonreír, y qué decir de la manipulación de las mentes juveniles con las Redes. Es fácil pensar “correctamente” cuando la nevera está llena y no tienes que elegir entre pagar la luz o comprar un pollo.
Pero ojo, que no todo es crítica. Tiene razón en algo: la felicidad está muy relacionada con cómo enfocamos la vida. Es cierto que dejar de rumiar desgracias y empezar a valorar lo que sí funciona puede ser una revolución interna más poderosa que cualquier reforma laboral. Y no, no hablamos de postureo de Instagram o TikTok con frases motivacionales pegadas en una taza de café. Es más bien tomar conciencia de lo que tenemos, lo mucho o poco, y usarlo como trampolín en lugar de verlo como lastre.
Quizá, entre tanta ironía, la lección de Santandreu sea esta: el cambio de mentalidad no arregla los problemas del mundo, pero sí puede ayudarte a navegarlo sin ahogarte en la queja constante. Y puede que la verdadera mejor etapa de la vida no sea un rango de edad, sino el momento en que decides que la felicidad no depende de años… sino de actitud.
Eso sí, un poco de justicia social, oportunidades y menos políticos de postureo tampoco vendrían mal para darle a la “actitud positiva” un terreno fértil donde florecer.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 11/07/2025

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